Devocionales
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Mi esposa y yo pasamos unas vacaciones de tres semanas para descansar, relajarnos y reabastecernos espiritualmente, y también para visitar a su familia en el clima soleado de Tenerife. Ayer, mientras nos relajábamos junto a una piscina natural al norte de la isla, me llamó la atención un grupo de mujeres surfistas que no estaban muy lejos de la orilla del mar. Había escuchado a la instructora dándoles las últimas recomendaciones antes de entrar al agua. La marea estaba alta y el mar se veía un poco agitado; las jóvenes entraron al agua con sus tablas de surf.
La instructora salió sin tabla pero con dos flotadores. Se quedaría en el agua a fin de ayudar a las chicas a colocarse para desplazarse sobre las olas. Mientras observaba, noté que varias de ellas lo intentaban una y otra vez y se caían de su tabla. Sin embargo, persistían. Otras parecían estar satisfechas con permanecer sentadas en sus tablas y observar a las otras desde la orilla. Nunca se acercaban a la instructora que ayudaba a las que intentaban remontarse sobre las olas.
Finalmente, una chica logró remontarse y pasó gritando con dirección a la piscina natural desde donde yo observaba. Había caído numerosas veces antes, pero al final tuvo éxito. Aplaudí con entusiasmo mientras se acercaba; en su rostro se dibujaba una gran sonrisa. Lo había logrado. Perseveró y tuvo éxito.
Al ver eso, recordé una charla de John Maxwell que escuché en YouTube unos días antes. En la charla, Maxwell habla de la importancia del fracaso en relación con el éxito. A fin de tener éxito, se tiene que fallar en el intento. Dice que necesitamos aprender de los fracasos y no dejar que los fracasos nos derroten. Aprender de los fracasos significa que, aunque fallemos, sabemos que debido a ello estamos más cerca del éxito. Hemos aprendido algo importante del fracaso, algo que nos ayudará en nuestro próximo intento.
Todo el que ha tenido éxito en algún momento en el proceso fracasó, pero no permitió que el fracaso lo desanimara. Tenía la perspectiva correcta del fracaso. Como lo que le pasó a George Bernard Shaw. Al principio, no podía hablar en público. Se convirtió en un orador famoso únicamente después de que se obligara a sí mismo a enfrentar su dificultad y uniéndose a un club de debate donde quedó en ridículo innumerables veces.
La chica que hizo surf en la playa había hecho el ridículo en sus intentos. Sin embargo, sabía que esos fracasos eran el precio del éxito. Veía el fracaso desde la perspectiva adecuada. Cada vez que caía de esa tabla, sabía que se acercaba más a la victoria, que estaba más cerca de aprender a mantener el equilibrio, más cerca de dominar la tabla y llegar a ser una surfista experimentada. Fracasaba para ir hacia adelante.
Las que se quedaron cómodamente en sus tablas con el temor de ni siquiera intentarlo nunca llegaron más lejos. No fracasaron ni hicieron el ridículo ni tragaron agua al caer en las olas porque nunca lo intentaron. Se quedaron cómodas y seguras, pero nunca saborearon el éxito. Nunca probaron la emoción de estar sobre la tabla y la ola para surfear y dirigirse con gran entusiasmo hacia la orilla.
Si queremos hacer todo lo posible por el Señor, necesitamos enfrentar el fracaso como el impostor que es. El fracaso puede ser un peldaño hacia nuevas oportunidades. En vez de dejar de intentar y sentarse en la seguridad, necesitamos buscar al Señor y luego estar dispuestos a seguirlo hacia nuevas metas, nuevos desafíos y nuevas experiencias de aprendizaje, los que pueden dirigirnos hacia nuevos éxitos.
No queremos dejar de aprender de los fracasos al rendirnos cuando fallamos. En muchos casos, el fracaso es un requisito esencial para alcanzar el éxito.
Así pues, ¡toma tu tabla e inténtalo de nuevo! El agua está estupenda y volverás a casa satisfecho y dormirás bien, aunque es posible que tengas dolores por haberlo intentado. Y tal vez mañana te subirás a la tabla, te desplazarás sobre la cresta de esa ola y lograrás una victoria mayor de la que pensaste que sería posible.
Recuerda: nuestro instructor nos ha dicho que Él es capaz de hacer mucho más de lo que pedimos o imaginamos. Sin embargo, ¡debemos cooperar y subirnos a esa tabla incluso si fallamos en el intento! Al final, ¡aprenderemos de los fracasos y lograremos salir adelante!


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